viernes, 12 de abril de 2013

El hombre de las tuberías



Benjamin Cohen, con apenas 24 años, está a cargo de la empresa Tubing Operations for Humanitarian Logistics (TOHL). Este joven viene de Estados Unidos y ganó fondos del Gobierno chileno para la innovación y el emprendimiento. Su compañía instala y desinstala tuberías móviles para proveer de agua potable a lugares que lo necesiten, especialmente en zonas rurales y en operaciones humanitarias.
Tania E. Díaz G.

Benjamin Cohen junto a su intérprete, María Paz Bascuñan

Ben Cohen, en ese entonces estudiante de ingeniería civil en el Instituto Georgia Tech, estaba viendo en la televisión las consecuencias que había causado el terremoto en Haití en 2010. Las personas de Puerto Príncipe estaban muriendo por la falta de agua potable. Dentro del mismo noticiario apareció Bill Clinton, asegurando que tenían agua, pero no había cómo hacerla llegar a la ciudad. Se necesitaba una manera rápida de entregar agua potable a la población y prevenir un brote de cólera. Al día siguiente en clases de cálculo, su compañero Apoorv Sinha, le propuso que resolvieran el problema.

Al principio, pensaron en grandes tuberías que entregaran paquetes y provisiones humanitarias. Lentamente, la idea evolucionó hasta ser tubos flexibles que trasportaran sólo agua. La idea era reemplazar los camiones Cisterna y economizar tiempo y dinero. Con helicópteros, lograrían instalar un kilómetro de tuberías, hechas de polietileno de alta densidad, en nueve minutos. Pasada la emergencia, las removerían, evitando daños permanentes en el ecosistema.

Benjamin creció en un suburbio de Atlanta, Georgia, junto a sus padres y sus dos hermanas Rebekah y Liz. Desde que era pequeño, fue muy ingenioso y preguntaba hasta dejar exhausto a cualquiera. Necesitaba saber cómo todo funcionaba y le gustaba construir sus propios artefactos. En un desfile de modas, organizado por sus hermanas para entretener a la familia, él estuvo a cargo de la iluminación y las mezclas de sonido. Tenía certeza de que había una mejor manera de hacer las cosas y él podría descubrirla.

Desde que llegó a Chile, en marzo de 2012,  prefiere comer afuera algo barato para no perder tiempo en cocinar y limpiar. No tiene pareja. Trabaja los fines de semana. Atrás quedó la época donde Liz, la menor, dormía en su pieza y dedicaban horas a hablar y reír de sinsentidos. “Nuestra mamá venía, nos retaba y nos decía que nos fuéramos a dormir millones de veces antes de que en realidad la obedeciéramos”, recuerda Liz.

En el colegio estudió mucho. Aun así, lograba dividir su tiempo entre las clases, proyectos extracurriculares, jugar básquetbol y trabajar medio tiempo en un restaurante. Aprendió a priorizar y administrar su tiempo. “Mucha gente no se da cuenta de que, cuando eres joven, tienes que ser muy disciplinado y trabajar duro si quieres tener algo que dure por el resto de tu vida. Yo quiero impactar el mundo. Entonces veo las cosas que hago con mi tiempo como una inversión, pensando en el futuro”, dice Ben entre risas y seriedad.

Travis Horsley es  director de relaciones externas en TOHL. Mientras misionaba en Chile se enteró da la existencia de Start-Up Chile, un fondo de Gobierno para la innovación y el emprendimiento que pretende “importar” cerebros. Como en el país había habido un terremoto en 2010, pensó que sería un mercado perfecto para probar la tecnología que Benjamin y Apoorv habían ideado. Postularon y ganaron 20 millones de pesos para hacer un piloto.

Ben renunció a su puesto como ingeniero en el Departamento de Transportes de Georgia y voló a Chile en marzo del 2012. “Dejé mi trabajo para empezar un negocio en Chile, dejé mi familia, un seguro de salud y todas las garantías. Fue un salto de confianza, porque creía que lo que estaba haciendo era lo suficientemente grande”, afirma Benjamin. Si se hubiese quedado en Atlanta, probablemente TOHL seguiría siendo sólo una idea.

En Chile lo recibió su compañero Travis, quien se devolvería a Estados Unidos a terminar su magíster cuando Ben llevaba sólo dos días en el país. Sin hablar una palabra de español y con la misión de comenzar una compañía, trató de adaptarse rápidamente a su nuevo escenario. Lo primero que hizo fue contratar un intérprete.

Acostumbrado a los rápidos tiempos de su país, creyó que iba a materializar su piloto en tres meses. Pero todo era mucho más complejo que buscar a una comunidad, obtener fondos fiscales y comenzar a instalar. “Si quisiéramos tener recursos del Gobierno para hacer un proyecto APR o agua potable rural, tendríamos que pasar por un proceso de postulación que, hasta hace poco, duraba cuatro años. Aunque ahora dure dos, son tiempos completamente exorbitantes”, dice María Paz Bascuñan, su intérprete.

Vicente Sáez es ingeniero comercial y desde agosto trabaja en el proyecto. Reconoce que, hasta el momento, el dinero no es lo que los mueve como equipo. “Ser emprendedor tiene muchos sacrificios, no hay plata al principio. Tienes que saber hacer de todo un poco, más allá de lo que estudiaste. También hay que estar 24 horas, siete días a la semana para que todo avance”, dice Vicente. Además de tener vocación de servicio, saben que si logran ser disciplinados y metódicos, tendrán grandes beneficios en el largo plazo.

TOHL, como proyecto, tiene dos focos. El primero es causar un impacto social positivo. El segundo, ser económicamente rentable. A esta mezcla se le ha llamado capitalismo social. María Paz explica: “Aunque suene duro, la idea es hacer de la pobreza un negocio para todos. Queremos ganar plata ayudando a los menos favorecidos”.

Benjamin tiene tan clara su meta, que no deja que nada se interponga en su camino. Por eso, lleva más de un año en Chile y aún no consigue comunicarse en español. “¿Deberíamos retrasar todo el proyecto sólo para que yo pueda aprender a hablar español? Eso me parece muy egoísta. Ahora no tengo el tiempo para eso. Tengo un proyecto que dirigir”, dice. Por eso, María Paz sigue siendo un apoyo muy importante para él. Ella ya sabe su vocabulario. Entonces, con cualquier palabra nueva, se preocupa de que él entienda su significado. Ben se escuda en que, además de no tener tiempo, los chilenos no saben hablar y que es el acento lo que no entiende. “Es muy rápido. Más que hablar palabras, parece que hablan ideas completas sin parar”, ríe.

Ben es ansioso, pero busca la perfección y es muy metódico. Es usual que les diga a todos que busquen más 
profundo, que pregunten, que vayan más allá. Go the extra mile! “No le importa si tiene que ir a hablar con Juan Pérez o con el Papa, va a hacer lo que sea con tal de lograr su objetivo”, comenta Francisca Cebrino, coordinadora de proyectos de Star-Up Chile. “Es obsesivo, pero tiene una capacidad de mantenerse positivo que me asombra. Sueña en grande y no se queda sólo con eso, hace de todo para que suceda”, concuerda Liz.

Está tan enfocado, que sus compañeros sienten que se está perdiendo las cosas simples de la vida. Según Liz, su hermano es de esas personas que “disfrutan más persiguiendo el sueño que alcanzándolo”.

Su equipo en Chile ha tratado de que Benjamin no pierda el sentido humanitario, que es conocer a la gente que está detrás de los problemas, el impacto que vas a causar en las vidas y a empatizar con las familias. Desean que él aprenda a ponerse en el lugar del chileno y a tener paciencia. “Fuimos a una comunidad en Cajón del Maipo y él llegó a preguntarle a la gente muchos aspectos técnicos, quería saber si tenían instaladas ciertas cosas o tecnologías en sus casas. Eso es parte de su mente como ingeniero, pero de a poco le estamos enseñando a escuchar. Toda la información, desde lo más personal hasta lo más técnico, es importante y necesaria”, dice Francisca.

En noviembre de 2012, TOHL ganó el concurso de innovación Common Pitch Chile. El premio, de 35 mil dólares, era entregado al mejor emprendimiento. Aunque tiene todo calculado, Ben afirma estar disfrutando el momento. “Cuando estaba sobre el escenario en Common Pitch, tenía gente que estaba escuchándome hablar sobre mi pasión, la adrenalina fluía y me gané el dinero. Ha sido el momento más emocionante de mi vida”, sonríe. Pronto verá materializado su primer impacto en el país, en el Cajón del Maipo. A finales de junio, tendrán ya instaladas las tuberías que mejorarán la calidad de vida de más de cien familias.

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